lunes, 21 de enero de 2008

DE NUESTRA HISTORIA




LA INVASIÓN DE LA CÍA



Prof. José Antonio MéndezMechitas1939@yahoo.com



Recapitulando: Mientras tanto, en algunos sectores intelectuales se gestaba un movimiento comunista, y en otros se cultivaba el caldo de la rebelión, principalmente dentro del sector poderoso de los terratenientes. Fue así como se llegó a planificar una invasión al territorio nacional supuestamente impulsada por la agencia de la CIA de los Estados Unidos.

En esos días del verano de 1954 estábamos de vacaciones pues habíamos venido de los Estados Unidos. Alquilábamos una casa en la Antigua Guatemala y desde allí fuimos testigos de la invasión, llamada Guerra de La Liberación. Había habido, en Guatemala, como siempre y en todas partes, grandes abusos contra los derechos humanos. Más tarde se supo, cómo en las cárceles y mazmorras de la policía secreta se perpetraban espantosas torturas contra los enemigos del régimen, obreros, estudiantes e intelectuales. En esos días se hicieron famosos los jefes policíacos apellidados Cruz Wer y Rosemberg. Sin embargo, el ejército permanecía en sus cuarteles. Indudablemente que algo se cocinaba en las altas esferas del gobierno del Coronel Arbenz Guzmán. Algunas escuelas recibían instrucción tipo socialista impartida por inmigrantes españoles de la España Republicana, venidos de México después de la Guerra Civil española la cual culminó en el año de 1939. Una de estas escuelas, era la Escuela Normal de Señoritas Belén cuya directora había trabajado con la famosa “Pasionaria” durante esa espantosa guerra en la Península Ibérica. Se respiraba un ambiente de cambio y también de rebelión. Muchos estudiantes e intelectuales no estaban conformes con las medidas del gobierno, tampoco lo estaban los terratenientes, a quienes les afectaba la aplicación del Decreto 900 o Ley Agraria.

Por las noches, con mi madrina nos sentábamos a escuchar la Radio Clandestina, emisora rebelde de las fuerzas de la Liberación. Esta radio transmitía desde algún lugar secreto en las montañas del oriente del país. Recuerdo a los locutores y su prosa; Mario López Villatoro, Leonel Sisniega Otero y José Torón Barrios. Su música de fondo era el himno de la Legion Extranjera Francesa “Le Boudin”, una marcha muy hermosa, muy pegona. Los locutores anunciaban la inminente invasión, el avance de las tropas Liberacionistas que entraban bajo el mando del Coronel Carlos Castillo Armas. Ya en la Ciudad Capital una pequeña avioneta hacía incursiones, tirando volantes subversivos y más tarde pequeñas bombas, ametrallando a un cuartel del ejército, muchas veces por las noches. A este aparatito el populacho le apodó “Sulfato” pues el susto mandaba a mucha gente a “hacer numero dos.” Recuerdo que en Antigua Guatemala nos parapetamos varios días, pues un vecino decía saber que hordas de indígenas rebeldes bajarían de Santa María Cauqué y lugares aledaños a invadir y pillar a la población. Este señor me ofreció una pistola en caso de tener que defendernos. A mi, todo esto me parecía muy emocionante y no sentía miedo en absoluto. Así pasamos varios días y noches, y salíamos poco a la calle. Luego supimos que en la cárcel local se torturaba salvajemente a opositores al gobierno.

Conforme pasaron los días, ya se peleaba fuertemente en el oriente, en los departamentos de Chiquimula y Zacapa. Las fuerzas rebeldes habían penetrado al territorio por la frontera de Honduras. Supuestamente, estas fuerzas estaban integradas por algunos militares, estudiantes y campesinos del oriente. Su armamento era anticuado, no tenían artillería ni vehículos militares. El Ejército Nacional enfrentó a este pequeño ejército pero tuvo que replegarse ya que ese pequeño grupo resultó ser más aguerrido. Se ha dicho mucho que la CIA Norteamericana participó, esto es muy cuestionable pues si así hubiese sido habría habido muchos más muertos, más bombardeos y una guerra mucho más intensa. Seguramente que hubo apoyo económico, eso es indudable.

Al fin, y después de tiempos de lucha, fueron tomadas varias plazas, la de Zacapa y la de Chiquimula. La amenaza ahora era sobre la Capital. Esto hizo que el gobierno del Coronel Arbenz Guzmán capitulara en el mes de julio. Las tropas Liberacionistas hicieron su entrada a la Capital en esos días, y entonces comenzó una persecución de los miembros del gobierno anterior. La mayoría de estos optaron por asilarse en la Embajada de México que estaba situada frente al Palacio Nacional, allí se refugiaron gran cantidad de ex burócratas. Pidieron asilo Víctor Manuel Pellecer, Carlos Hall Lloreda, Carlos Pellecer, el mismo gobernante y muchos otros. Luego, todas estas personas fueron exiliadas, la mayoría hacia México. Se supo de lo que había pasado en las cárceles secretas del régimen, crueles torturas bajo el mando de Cruz Wer y Rosemberg y otros esbirros.

Luego, se instaló un nuevo gobierno bajo la dirección del Coronel Carlos Castillo Armas. Se pacificó el país, el ejército volvió a retirarse a sus cuarteles. La población comenzó a estar en paz y a confiar en el nuevo gobierno. Recuerdo que varios militares participaron en este nuevo gobierno; el Coronel Élfego Monzón y el Coronel Trinidad Oliva. Luego fue elegido presidente constitucional el Coronel Castillo Armas y gobernó el país hasta su asesinato en el ano 1956.




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