martes, 7 de julio de 2020







LIBROS PARA LEER DURANTE LA CUARENTENA...
Parte II

Harry Thomas Danvers *

    En el último artículo vimos algunos libros de no-ficción que pude leer durante la cuarentena. Ahora vamos a ver de ficción para disfrutar también.

   CRIMEN Y CASTIGO de FIÓDOR DOSTOEVSKY es una novela con una presentación sencilla, con la estructura denominado ¨policiaco¨ pero de allí muere la sencillez.
   La novela toma lugar en Rusia a finales del siglo diecinueve y por lo tanto representa un cuadro sociológico de su época. Es trágica en su esencia, pero pintada como el sufrimiento es una clase de éxtasis.
   Los protagonistas de Dostoevsky siempre son así, quizás porque él mismo sufrió espantosas revocaciones en su vida. Como sea, pero tiene una dominación de la palabra o ¨le mot juste¨ como se dice en Francés. Es de tal grado, que uno toma un viaje transparente donde exactamente el escritor quiere depositar al lector. La dominación psicológica es obvia desde el principio, y es el fondo de todo, la lucha tiránica de lo bueno y lo malo.
Parece que el hombre tiene que pasar pruebas de horror para llegar a la salvación de su alma.
   Espero que el maestro Dostoevsky acepte esto como repaso justo de su obra de maestro, CRIMEN Y CASTIGO

   LES MISERABLES es la obra de maestro de VICTOR HUGO, el escritor iconoclasta de Francia. El libro es grande, pero uno no quiere que termine, porque es tan compulsivo, con las acciones de sus protagonistas.
Hay una parte de más de cien páginas, que se trata de las sentinas de París, pero no es aburrido. Es emocionante no solo por el drama despegado, sino por una científica descripción de este mundo subterráneo y es bien fascinador.
   Otra vez la moralidad toca un puesto importante en la novela y Víctor Hugo siempre toma la parte buena sobre lo malo.
   Su prosa es poética, aumentando el valor de su duradera existencia. 

   Para  aquellos que no les gustan las novelas largas, tenemos el cuento y uno de los maestros de este género es JORGE LUIS BORGES.
Su colección llamado NARRACIONES, tiene su mejor obra, EL ALEPH. Este tiene un principio tan perfecto, que pudiera terminar allí. Pero no. Borges está en casa en el cosmos del universo. Su conocimiento de la antigüedad, se mezcla con lugares remotos en una forma fantasmagórica.
   Otro cuento es EMMA ZUNZ. Está en el estilo detectivesco  de Edgar Allan Poe. Maneja muy bien Borges esta disciplina, de lo cual es tan simple y todavía profundo.
   Aunque no escribió mucho porque se quedó ciego, yo califico a Jorge Luis Borges, como uno de los mejores escritores de América Latina.

   EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA, fue editado después que GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ ganó el Premio Nobel. Este indica que Gabo quería seguir mejorando su obra, más allá de los premios. Es buen escritor, porque respeta su arte. Estoy seguro que así es con todos los artistas sobresalientes, porque ellos están comprometidos.
   En esta obra, Gabo nos lleva a la mano a un lugar del trópico como Cartagena, donde nació el autor. A través de sus palabras, su mente captura un cuadro pintoresco y misterioso. Los protagonistas van desarrollando su existencia, tal vez al revés, pero esta es la forma del Realismo Mágico.
   El final tiene un sabor agradable, como que el autor quiere dejar algo de esperanza agridulce, en esta vida, llena de sorpresas.


* Los comentarios y opiniones son responsabilidad exclusiva del autor

sábado, 13 de junio de 2020



HARRY'S CORNER


LOS LIBROS PARA LEER DURANTE LA CUARENTENA

Harry Thomas Danvers *


     Uno de los regalos más preciosos en esta vida, es la lectura. Es cierto, tiene que aprender a leer para aprovecharlo, pero vale la pena y más tarde puede formar un hábito.

       La literatura está dividida en dos ramas. La ficción y no ficción. El segundo es lo que vamos a tratar primero, y el primero en la segunda parte de este artículo.

       LAS VIDAS DE PLUTARCO es un encuentro que puede tardar una vida para terminarlo, porque uno quiere leerlo varias veces y después usarlo para una referencia.

       De lo que empezó como un paso de tiempo para este griego, terminó en hacer uno de las más completas historias de las dos civilizaciones modernas: Los griegos y los romanos. Lo que hizo Plutarco fue comparar la vida de una sobresaliente figura de una civilización haciendo una comparación paralela a una figura de la otra civilización. Por ejemplo: Caesar fue comparado con Alejandro o Demetrius con Antonio. Agesilaus con Pompeyo. Lycurgus con Numa Pompilius.

     Se hizo este experimento veintitrés veces, siempre con un comentario suyo. Plutarco escribe claro y hace vivir la historia.
       Las Guerras Pérsicas de Herodotus es otro aspecto de la historia, de un tiempo antes. El detalle la historia  desde Egipto hasta Babilonia y más. El historiador atravesó el mundo en aquella época. Herodotus relató el tiempo como un arqueólogo, o sea con una pasión para las medidas exactas en una forma científica.

     Por ejemplo explicó que Egipto hizo todo al revés de las otras civilizaciones. Los hombres se agachan para orinar y las mujeres se paraban. Se quitaron todo el pelo en el cuerpo, mientras las otras civilizaciones dejaron crecer la barba.

      Cuando Darius empezó a tratar de conquistar a los griegos, formó un ejército de todos los países que fueron bajo su mando. Muy interesante como unos tenían lanzas y otros elefantes. 

      Los detalles abundan y uno quiere regresar a leer el libro varias veces.

       Otro libre de interés histórico del Renacimiento Italiano en el siglo dieciséis, es LA AUTOBIOGRAFÍA DE BENVENUTO CELLINI. Este escultor y joyero, escribió su tiempo con una pluma robusto y llenó con las entregas y la violencia. No solo habló de su arte, sino de la sociedad Italiana de aquella época bastante divertida y compleja en la historia del Renacimiento.

       EL CONTRATO SOCIAL Y DISCURSOS de JEAN JACQUES ROUSSEAU se puede calificar como la fuente no solo de  la Revolución Francesa, sino Americana también. Es obvio que Thomas Jefferson conoció bien este libro cuando escribió: ¨Todos los hombres fueron creados iguales.¨

       Rousseau pensaba así y quería adoptar al hombre a una sociedad recíproca en sus amores y justicia. Quizás uno puede debatir partes de su filosofía, pero este libre trae la esencia de la democracia en las civilizaciones modernas de hoy.

      En el siguiente artículo vamos a ver la ficción.


* El contenido y redacción del presente artículo es responsabilidad de su autor

lunes, 18 de mayo de 2020



Asonancia de un caminante de la vida

 y el ave nacional


Al amigo inolvidable, caballero citadino CARLOS SOLÁ


Por: J. Rodolfo Custodio G.
Revista Polémicaxela

(Foto cortesía de René Merlos)

Recorría las calles torcidas desde su añejo barrio Bolívar –antiguamente cantón San Sebastián-  y sus ojos pequeños y agudos escudriñaban todo lo que se presentaba a su alrededor…  había caminado tantas veces por esas callecitas amadas, que sabía de qué color eran las casas y quienes vivían en ellas. Iba saludando a todas las personas y de cuando en cuando se detenía para hacer un comentario o una breve plática.

Ya en su casa se había acicalado con mucho esmero y se había colocado una corbata de mariposa, una camisa, a veces con color encendido, un saco de los muchos que tenía en su guardarropa, ya descolorido y azotado por el paso del tiempo, una bufanda y sus implementos que pudiera necesitar durante unas cinco horas que duraba su recorrido.  Hombre previsor, se hacía acompañar de una bufanda, un paraguas y un abrigo, por aquello de que se retrasara por una invitación u otro motivo.

Su primera estación era la sede de Funerales Reforma, las 9 de la mañana. Se detenía a leer el Obituario y luego entraba.  Con gesto solemne y apesadumbrado daba el pésame a los deudos que lloraban cerca del féretro; luego se sentaba en una de las sillas del corredor, se tomaba una tacita de café y se retiraba… Ceremonial cotidiano sin importar quién fuera el difunto.

Cuando se trataba de un personaje muy conocido y apreciado, se tomaba más tiempo y permanecía platicando con las personas que acudían al velatorio, siempre por la mañana, jamás por las noches. ¿A cuántos muertos habré acompañado? Se preguntaba, cuando se dirigía hacia el poniente, con dirección al parque Centro América.

Si era la fiesta del Niño Santísimo o de otra Cofradía o Hermandad de las que hacen procesiones en las calles del Centro Histórico de Quetzaltenango, entonces se vestía de frac negro y les iba acompañando en su recorrido.

Se ponía a pensar cuántos de sus amigos habían partido al más allá y él se iba quedando cada vez más solo.  Sus últimos grandes compañeros de la vida a quienes visitaba diariamente fueron don Federico Esponda y don Vicente León…
Ah, la muerte, se decía ¿será esta “La más grande de las desgracias humanas”, como la calificara el escolástico Santo Tomás de Aquino, o será, por el contrario lo que Heidegger afirmaba sobre que el hombre sólo alcanza la autenticidad con la muerte?  Nadie sabe, mejor tomarla como Epicuro “para qué preocuparse de la muerte si cuando el ser humano vive, ella no está presente; mientras que cuando ella llega, él ya no está.”

Bueno, la vida era buena con Carlos Solá.  Vivía solo y hacía lo que deseaba, a la hora que fuera y sin pedir permiso a nadie… ¡Espíritu libérrimo!

En vida Carlitos tuvo una participación social muy activa.  Miembro de una familia de muchos recursos económicos, tenían una gran tienda en el exterior del viejo mercado central.  Estudió en el INVO, participó en el deporte y asistía al estadio.  Tenía en propiedad dos limusinas Cadillac que prestaba para actos muy trascendentales, como cuando Danilo López regresó de su travesía triunfadora atravesando el Canal de la Mancha; también estaba en las maratones de recaudación de fondos para los Bomberos Voluntarios, para el Gimnasio Quetzalteco y para otras causas nobles.  Participó en política y acompañó a personajes de gran prestigio; fue Concejal de la Corporación Municipal de Quetzaltenango y su último cargo público lo realizó con dignidad y decoro como director de TGQ La Voz de Quetzaltenango, emisora para la cual logró el edificio donde ahora se encuentra, que le fue entregado en deplorables condiciones, pero lo fue arreglando poco a poco.
La Feria La Independencia era de mucha emoción para Carlitos, y lo mismo estaba en el banquete del 12 de septiembre, que en la velada de los Juegos Florales o en la elección de Reina Nacional, y, por supuesto, en los banquetes de gala. Carlitos podía estar lo mismo en los sitios más encumbrados, que en un ranchito compartiendo con una familia campesina.

¿Qué podía pedirle a su vida, ya desgastada y en soledad?  Había disfrutado del don más grande que un ser humano pueda desear y que constituye una dádiva divina:  La libertad.  Libre, libre como el viento… libre como el Quetzal.

Aquí cabría el pensamiento filosófico de David Lloyd George que dice: “La libertad no es simplemente un privilegio que se otorga; es un hábito que ha de adquirirse” y él lo había adquirido con toda legitimidad.

Carlitos se fue…se fue de pronto.  Sus amigos no nos dimos cuenta de su muerte…  él estaba solo mientras la pandemia del Covid-19 obligaba a la ciudadanía a un confinamiento en su casa. No se sabe quién acompañó el féretro hasta su última morada, quizás algún vecino, o solo el personal de la funeraria.

¿Preso él y sin poder recorrer con libertad las calles de su Quetzaltenango?  ¿Confinado entre cuatro paredes?

Se me ocurre que su último pensamiento en soledad fue rebelarse como se rebela el Quetzal cuando lo aprisionan.  ¡Preso nunca…   libre siempre!... y expiró. Esto fue un día de mayo de 2020 ¿en qué fecha? No lo sé.

Adiós, amigo y Ciudadano ejemplar, saludador y bueno para la plática, filósofo de la vida…  Quizás habría que escribir en su tumba, como epitafio, esta filosofía de Aristóteles:  “El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre”.

viernes, 15 de mayo de 2020





  

LAS DOS CARAS DE LA PANTALLA

Harry Thomas Danvers *

    En estos días de la crisis, mucha gente pasa su tiempo frente a la pantalla del internet. Allí hay de todo, ambos bueno y malo. Además es más fácil consultar la inteligencia artificial, en vez de leer un libro o estudiar algo. Misteriosamente, la pantalla tiene la pregunta y la respuesta a la vez, aun antes que uno la píense.

En otras palabras, la computadora está ahogando nuestros límites de absorber la información. ¿Cuál es la verdad y cuál es la mentira?

La crisis es un burlo, inventado en la China y pagado por los ricos del mundo, quienes dominan la economía global....es un mensaje visto en el internet, o se puede ver un mensaje así:
Esta epidemia mundial no solo es la verdad, sino es una epidemia sin precedentes en el tiempo moderno...

Otro mensaje es:
En no usar máscara no solo está poniendo en peligro su vida, sino también la de su familia y su ambiente social.....mientras que otros doctores dicen:  al no  cubrir la nariz y la boca, está tapando la fuente respiratoria la cual puede causar daño en su salud en diferentes formas...

Y siempre se anuncian:
Quédese en casa, porque es la única forma de controlar el covid-19 y así salvar el planeta.....pero otro mensaje dice:
Hay que salir para respirar aire fresco y hacer ejercicio para mantener el cuerpo fuerte y resistir las enfermedades.....

Estos mensajes siguen todos los días, hasta el punto que uno no sabe lo que tiene que hacer. Uno quiere proteger su salud y promover el  bienestar del pueblo global, pero: ¿Que debemos hacer? Obviamente tiene que obedecer las reglas gubernamentales, y quizás consultar al mínimo el internet, mientras que espera un tiempo mejor.

(*)  El contenido del presente artículo es responsabilidad exclusiva de su autor.





sábado, 11 de abril de 2020




Una vivencia retrospectiva de la Semana Santa

Por: J. Rodolfo Custodio G.
Revista POLEMICAxela


La Semana Santa de 2020 me hizo retroceder hasta los años 1940 – 1950, cuando vivíamos con nuestros padres en la casa solariega y llena de flores y árboles frutales de Quetzaltenango.
Los sonidos cotidianos eran: muy cercanamente, el “pito” de la Licorera que sonaba muy fuerte desde la octava avenida y sexta calle de la actual zona uno, cerca de la Cruz Roja, donde se ubicaba la fábrica; y el de Mont Blanc en el actual Centro Comercial del mismo nombre, a las 7 y media, ocho menos cuarto y ocho de la mañana; a las 12 del mediodía; a la una y media, dos menos cuarto y dos de la tarde…   y a las 5 de la tarde. El de la Cervecería y el de la fábrica El Zeppelín se escuchaba algunas veces pero no era tan potente como los descritos.  Era la llamada a los trabajadores para entrar y salir de sus labores y ese era, además, nuestro más efectivo aviso para llegar puntualmente a nuestros estudios de primaria.
También se escuchaban las sonoras campanadas del reloj del INVO y el de la Penitenciaría, ahora Casa de la Cultura de Occidente.
Las campanas de la Catedral dejaban escuchar su grave y solemne sonido todas las mañanas a las seis de la mañana, a las doce del mediodía y a las seis de la tarde.
Cuando uno estaba cerca también se escuchaban las campanas del reloj del Hospital General de Occidente en la 14 avenida y las campanas de su templo.
Por algo el poeta Alberto Velázquez escribió que Quetzaltenango nació “bajo la exaltación de las campanas y la algazara de los clarineros”.
Pero la Semana Santa era verdaderamente solemne y llena de respeto.  Mi mamá nos llevaba a la iglesia a presenciar los solemnes rituales del Jueves y del Viernes Santo… y después de ello, por la tarde, la gente solamente salía a presenciar las procesiones y luego a albergarse en su casa.
No había campanas  (las iglesias estaban dotadas de unas grandes matracas de madera que hacían sonar en vez de los repiques); el incipiente servicio urbano que lo formaban tres camionetas anaranjadas de la CIX, detenían su marcha el Viernes Santo, los taxistas guardaban sus automóviles, las tiendas cerraban sus puertas, las cantinas apagaban sus rockolas y solo abrían una puerta para atender a los que, fatigados, pasaban después de las procesiones a tomarse un refresco o un vaso de cerveza,  los mercados no funcionaban, las radiodifusoras permanecían cerradas con sus transmisores apagados y las emisoras internacionales que se captaban por la onda corta, solamente ponían música clásica sinfónica…  la ciudad estaba solitaria, casi como ahora cuando es el toque de queda.
El Viernes Santo a las 3 de la tarde, mi mamá nos hincaba en el dormitorio y nos ponía a rezar y nosotros, con todo respeto, atendíamos esa orden que iba acompañada de alguna lectura bíblica, recordando la muerte de nuestro Señor Jesucristo.
¿Cuándo se perdió ese respeto y ese silencio de meditación?  ¿En qué momento el mundo giró de manera tan veloz que se olvidó de todo lo sagrado y se hizo al mundanal ruido, a la visita a las playas y al jolgorio mezclado con excesos de licor y placeres?
La pandemia del coronavirus nos regresó abruptamente a los años de respeto en que la Semana Santa era realmente santa y se trataba de vivir con honestidad, con respeto y meditación.
De todas las cosas positivas que hemos presenciado en este encierro provocado por la pandemia, una de las más positivas es la oración y el clamor a Dios en nuestros hogares.
El ser humano no está acostumbrado a realizar cambios por las buenas, sobre todo en una sociedad de consumo como la que se vivía antes del covid-19, donde se hizo la reina de las frases aquella de  ¡Cuánto tienes… cuanto vales!
Volvió la Semana Santa de silencio y de meditación…  Silencio…  solo oración.

Que Dios nos acepte esta vivencia y se apiade de nosotros, a partir de una  Semana Santa silenciosa, sin gente en las calles, orando todos en su casa… la Semana Santa de 2020.  ¡Que así sea!
             









Un corazón de buena voluntad
Harry Thomas Danvers *




CAPÍTULO XXXV ÉXODO...  4.Y Moisés habló a toda la congregación de los hijos de Israel diciendo...  5.Lleva entre ustedes una ofenda para el Señor, quien sea de buena voluntad...

   Moisés estaba pidiendo ayuda para construir el primer templo en el desierto y no tenía que pedir dos veces, porque todo el pueblo concedió con mucho gusto. Tal vez no era solo para tener un lugar para rezar, sino edificar algo en la tierra para reflejar su compromiso con el Creador más allá del cielo.

  El pueblo de Israel había recibido la ley de los Mandamientos. Habían visto los milagros y siguieron recibiendo regalos del Señor. Es decir que estaban viviendo espiritualmente una existencia irreal.

   Miles de años han pasado desde aquel tiempo y el ser humano se ha construido ciudades y civilizaciones desde Babilonia hasta Nueva York, pero estamos muy lejos de esa sensación de este poder divino, conocido por esa gente liberada de la esclavitud de Egipto. 

   En otras palabras hemos perdido la espiritualidad que tuvimos antes. Esencialmente no creemos en nada, hasta que cae una inesperada catástrofe como ahora. ¿Qué hacemos? Tenemos que considerar.

   Ya sabemos lo que tenemos que hacer individualmente para sanar esta plaga moderna y si se hace con un corazón de buena voluntad, todo va a salir bien...Amen.


*Las opiniones del presente artículo son responsabilidad de su autor.


jueves, 19 de marzo de 2020







El tiempo se detuvo en Quetzaltenango

J. Rodolfo Custodio G.  *
Revista POLEMICA XELA

Al apuntar esta observación, quisiéramos referirnos con toda el alma, a que los tiempos de antaño están vigentes en la Ciudad maravillosa de Quetzaltenango; que todo lo que pasa en la sociedad actual no penetra a los linderos ciudadanos sino que se va fuera a otras latitudes.
Lamentablemente aquello no es así. La Ciudad actual sufre, igual que todas las demás de la República de Guatemala, de una violencia incontrolable que se posesiona de sus inmuebles, de sus calles y de sus valles; una sociedad enviciada, hostil y mal educada que ha venido a corromper las buenas costumbres y la alegría de vivir que en el pasado se disfrutaba en esta un poco metrópoli, un poco finca rodeada de cerros y volcanes de los inicios y mediados del siglo veinte.
El poeta Alberto Velázquez, que amó tanto a Quetzaltenango, concibió su nacimiento entre campanas solemnes y arrullos de pájaros; y sentenció proféticamente que “Tú permanecerás (mientras los déspotas/ que te humillaron solo son cenizas),/ bajo la exultación de las campanas/ y la algazara de los clarineros. Tu permanecerás, tierra de gozo,/ fértil en frutos y fecundo en niños,/ con el arco de alianza en las alturas.” (Poema Canto a Xelajú).
Quetzaltenango era una Ciudad con “algo de india y mucho de española” como la catalogó también el poeta Carlos Wyld Ospina. Romántica, hermosa, campirana, amable; pero, a la vez, valiente y llena de hombres de empresa que la convirtieron en la ciudad más importante de la República, con exportadores e importadores y con una industria pujante.

Puede decirse que nuestra Ciudad fue el paraíso de escritores, músicos y poetas que primero triunfaron aquí para luego partir hacia la Capital y después a recorrer el mundo, como ocurrió con muchos grandes hombres.
¿Qué ha tenido Quetzaltenango dentro de sus entrañas para atraer a tantas personas ilustres y honradas? ¿Qué química se produce aquí como para iluminar la mente y sensibilizar el corazón de las personas?
Pero desafortunadamente estas bellezas que fueron patrimoniales hasta la mitad del siglo veinte, han mermado ostensiblemente y la transculturización de una sociedad sin sentimientos ni propósitos, amante del dinero y de las comodidades, se ha engarzado con fieras pezuñas y está dando al traste con la pureza del sentimiento chivo.
En fin, el tiempo sigue su marcha, y la razón del presente reportaje es demostrar cómo aquellos relojes antañones, históricos, maravillosos que mantuvieron informada a la población y a los visitantes, de la hora exacta a través del dulce sonido de sus campanas, se ha callado para siempre ante la mirada indiferente e irresponsable de las autoridades que los han dejado como mudos testigos de su ineptitud e irresponsabilidad.
Ciudades cultas como Londres, no ha dejado de cuidar y darle mantenimiento al “Big ben” que soportó los embates de los horrendos bombardeos de la segunda guerra mundial por los nazis. Y el reloj sigue allí, marcando el tiempo, dando la hora cada quince minutos y haciendo sonar sus solemnes campanadas que se escuchan en todo el mundo, tradicionalmente, desde las audiciones de la BBC de Londres.
Sí. Los relojes forman parte del más puro patrimonio de los pueblos y son verdaderos íconos que identifican casi con vida propia los sitios donde están fijados.
Forman parte del paisaje, pues por regla general, están en torres o torretas altas y, además, sus campanadas hacen vibrar los corazones y correr a las amas de casa como a los comerciantes a quienes indican que deben aprovechar el tiempo para que la lluvia no los atrase.
¡Ya van a ser las diez! ¡Ya es medio día, hay que darle gracias a Dios! Son expresiones que suelen escucharse en los lugares donde los relojes públicos hacen sonar sus campanas.
En la villa de Chiantla está funcionando aún un viejo reloj histórico y único, ya que repite la hora por medio de sus campanas. Suenan una vez y al minuto vuelven a sonar, por si las personas no contaron bien las campanadas. Por eso, aquel querido Maestro de tantas generaciones licenciado don Roberto Calderón Gordillo, oriundo de Huehuetenango, cuando uno de sus alumnos le pedía que repitiera la explicación porque no la había comprendido, serio pero bromista respondía ¿Acaso soy reloj de Chiantla, pues?
Pero en Quetzaltenango, ciudad conservadora y amante de sus costumbres, tradiciones e infraestructura, ha ocurrido todo lo contrario, los relojes históricos se han ido arruinando y, para las autoridades, ha sido más fácil dejarlos que se acaben, en vez de repararlos.
Cuántos -ahora ancianos- quisieran volver a escuchar las dulces campanadas del reloj del INVO. Otros más, médicos y enfermeras retiradas, darían lo que fuera a cambio de volver a escuchar el tañer de las campanas del reloj del que fuera Hospital General de Occidente... y miles daríamos el corazón para que las campanas del reloj de la Casa de la Cultura volviera a trabajar y sus dulces y sonoras campanitas retornaran marcándonos el tiempo.
Pero pareciera que el abandono de aquellas piezas preciosas los ha dañado permanentemente, salvo que alguna autoridad municipal se propusiera mandarlos a reparar, quizás cambiándole algunas piezas, pero haciendo que vuelvan a tomar vida y a acelerar el corazón de los quetzaltecos que añoramos aquellos tiempos en que, junto a los “pitos” de la Industria Licorera Quetzalteca y la fábrica Mont Blanc, así como de las campanas de la Catedral, volvieran a darle la bienvenida a cada mañana, solemnizaran el medio día y despidieran al sol con sus solemnes, agradables y románticos sonidos... aquellos que nos enseñaron la vida de diferente manera, con costumbres buenas y con apego a la moral y la urbanidad; los que no manchábamos ni las paredes ni las mesas y que diariamente, junto a nuestros padres, comentábamos la hora por el aviso de los relojes públicos que hora callaron pero que podrían retornar con buena voluntad y amor al terruño
Creemos en Quetzaltenango, repetimos el verso del poeta, y decimos: “Tú permanecerás -mientras los déspotas que te humillaron solo son cenizas- bajo la exaltación de las campanas y la algazara de los clarineros...”


* Este artículo fue publicado por su autor en esta misma revista, en el año 2011, pero, por tener vigencia y por representar un valor auténtico de Quetzaltenango, se vuelve a incluir en este blog.