jueves, 18 de julio de 2019

RETROSPECTIVA DE LA AUSENCIA



Retrospectiva de la ausencia

Cuando falleció el notable escritor quetzalteco 
Salvador Minera Aldana 

Por: Julio Rodolfo Custodio García


El 14 de octubre de 2008, después de un derrame cerebral que lo dejó en coma por ocho días, el literato quetzalteco, Salvador Minera Aldana, falleció entre el dolor de su familia y amigos que lo apreciamos por sus altas dotas humanísticas, científicas y literarias.
Hablar de Salvador Minera sería muy extenso, debido a que, con setenta años de vida, hizo una labor como docente y como miembro del departamento de Letras de la Casa de la Cultura de Occidente, que es imposible de superar, siendo miembro por veinticinco años, de la Comisión Permanente de los Juegos Florales Hispanoamericanos, cuyo lugar será insustituible e irreemplazable.
En este reportaje incluiremos el réquiem pronunciado por el director de POLEMICA XELA, durante las exequias fúnebres realizadas en el auditórium de la Casa de la Cultura de Occidente, Descanse en paz, Salvador Minera Aldana, amigo inolvidable.

REQUIEM A SALVADOR MINERA ALDANA, PRONUNCIADO POR EL PERIODISTA J. RODOLFO CUSTODIO G., DURANTE EL VELATORIO EFECTUADO EN EL AUDITÓRIUM “MIGUEL ANGEL ASTURIAS” DE LA CASA DE LA CULTURA DE OCCIDENTE, QUETZALTENANGO, EL MIÉRCOLES 15 DE OCTUBRE, A LAS DOCE HORAS.

“Decir adiós a un amigo y decirlo hasta el final…
decirle ¡Hasta siempre! aun cuando no se le vea más,
Es tarea difícil.
Es el llanto que nos hace un nudo en la garganta
Es la sangre misma que se agolpa en nuestro corazón
Es el palpitar de nuestra propia vida que se estremece
Es –en fin- un desgarramiento de nuestra propia conciencia.

Y viene la pregunta ¿Porqué debemos afrontar estas cosas? ¿Por qué es tan dura la muerte?
¿Por qué cuando el cuerpo en movimiento desaparece del globo terráqueo nos duele tanto y nos lastima?
¡Ah nuestra pequeñez en la vida es tal, que en un segundo se acaba todo!
En un segundo somos y después nos vamos para siempre.
Pero a la vez, la muerte engrandece a los grandes, los ennoblece, los eterniza,
Cuando se ha sembrado talento, amor y armonía.

Si. Es contradictoria la muerte.
A veces la vemos como lo más espantoso y, de pronto, la contemplamos como el dulce final de una tarea que duró pocos o muchos años.
Los grandes hombres mueren con gloria.
Mueren como soldados cuando se lo pide la madre de madres que se llama patria
Y a ella -a la patria- servimos en la guerra de la vida
En la batalla de la intelectualidad
En los combates de la inteligencia y de las ideas.
Se muere con honor
Con dolor, sí, pero con honor.

Salvador Minera Aldana. ¡Salvita!
Querido amigo, adalid de las letras
Su vida fue una diáspora de intelectualidad para Quetzaltenango
¿Cuánto duró esa diáspora? ¿Setenta años? Unos más, unos menos.
Y queda un vacío. Un hondo y terrible abismo entre ayer y hoy
Entre la vida de Salvador Minera y la ausencia física de un intelectual
Que sembró los versos y las letras en renovadas inspiraciones infundidas por las propias callejuelas de sus barrios amados: Las Flores, Los Chocoyos y el parque Centro América.


Su recorrido cotidiano, hasta llegar a este templo que está enriquecido con su numen fecundo de pensador y de estudioso de las letras, lector de libros y discutidor de temas profundos.
Venimos hoy, Salvita, a rememorar toda una vida dedicada a los Juegos Florales de Quetzaltenango… y a otros Juegos Florales, porque el talento y el conocimiento de las letras, le permitieron ser jurado calificador en cientos de eventos de los cuales era la Casa de la Cultura de Occidente, la rectora y la conciencia.
Quetzalteco e intelectual. Amigo y compañero. Rector y Maestro
Hoy venimos a colocar en su lecho de muerte, una rosa de Osmundo Arriola;
A pronunciar con el alma desgarrada, un “Madrigal en voz baja” de Alberto Velázquez;
Un arrullo con la mente de Maíz, con los labios de Maíz de Werner Ovalle López;
Y a encaminarlo en las calles de su Ciudad amada, para que lleve en sus alforjas de romero, el ritmo y el color de este paisaje, como lo hizo Carlos Wyld Ospina.
Y de los Juegos Florales, de la Comisión a la que tanto quiso y sirvió sin interés económico alguno, Llévese la flor natural, la monja de oro y una corona de laurel sobre su frente.
Que todos los poetas de todos los tiempos canten sus mejores versos en esta solemne hora de su funeral, en la Ciudad de sus amores, Quetzaltenango.




OSMUNDO ARRIOLA



OSMUNDO ARRIOLA
El tipógrafo que transformó la poesía

Por Julio Rodolfo Custodio García
Revista POLÉMICAxela
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En el frontispicio del Teatro Municipal de la ciudad de Quetzaltenango, con una imponente fachada en piedra tallada del orden Jónico, después de la calle principal y dentro de los jardines frontales, se yergue, entre otros, el monumento a don Osmundo Arriola, el primer poeta laureado del glorioso certamen de Juegos Florales, con dos premios sucesivos en el inicio del certamen en 1916 y 1917.
El nombre de Osmundo Arriola está labrado con caracteres de oro en las letras y en la conciencia misma de todos los quetzaltecos, porque, aparte de ser un entusiasta forjador de la literatura a través del periodismo, tuvo la feliz idea de proponer, como  miembro del Concejo Municipal, ante el Alcalde señor Manuel Sáenz Mérida y los distinguidos quetzaltecos Ezequiel de León, Pío M. Riépeli y los escritores Licenciado Filadelfo J. Fuentes, Jaime Sabartés, Gregorio Aguilar e Ignacio Sáenz Ocaña, la creación del nobilísimo certamen literario de los Juegos Florales.
De 1916 para la presente época, han transcurrido más de 100 años y más de ochenta certámenes que culminan en el Teatro Municipal cada 12 de septiembre, dentro de las festividades de la Feria La Independencia.
Su producción literaria no se ha podido dimensionar, porque en el periódico diario CRONOS del cual era director y propietario, realizó una enorme producción en prosa y publicó muchos de sus versos; no obstante, sus poemas más conocidos son “Canto a Minerva” con el que obtuvo el primer lugar en el primer certamen realizado en 1916 y “Querido Rincón” que también obtuvo el primer premio y la flor natural en 1917.  Otro de sus hermosos y bellos poemas, aun cuando no obtuvo reconocimiento público alguno, es “el poema de las rosas” que le canta a esa hermosa flor que adorna los jardines quetzaltecos y del mundo.
Osmundo Arriola se inició en las lides de la tipografía en la empresa del doctor Antonio Grimaldi llamada Imprenta La Industria, en los primeros años del siglo XX.  Según crónica del historiador Carlos Román Alvarado Pinto, la hija del fundador, doña Juana Grimaldi de Izaguirre, buscó personal que fuera capaz de sostener la producción y encontró a los hermanos Guillermo y Osmundo Arriola y a poco la imprenta fue tomando auge hasta convertirse en una empresa productiva.
Pero la obra más significativa de don Osmundo Arriola, fue en su empresa tipográfica en la que editaba el diario CRONOS por la década de 1930, principiando con el lema “Solo la verdad, la justicia y la ecuanimidad”; pero en sus página escribieron grandes poetas y literatos que, por aquellos años, abundaban en Quetzaltenango.
Con la cimiente de su poesía laureada en un certamen que fue haciéndose exitoso hasta convertirse en hispanoamericano, como ocurre en la actualidad, el nombre de Osmundo Arriola estará siempre en alto por la Comisión Permanente de Juegos Florales, por la intelectualidad del mundo y por los quetzaltecos de corazón que, en el busto que lo honra frente al Teatro Municipal, recuerdan al vate que un buen día, al cantarle a la diosa Minerva, abrió para las letras de América, el camino que se vislumbra exitoso y siempre acoplado a la realidad de la vida en el tiempo y el espacio a través de la poesía.

Majestuoso Teatro Municipal de Quetzaltenango con su fachada en 
piedra tallada del orden Jónico.  (Foto Julio Rodolfo Custodio García)

jueves, 14 de julio de 2011






REVISTA DIGITAL
Bajo la dirección del Periodista
Julio Rodolfo Custodio García

Empresa Editora
DIFUSORAS RC


6ª. Calle 14-51, zona 1,
QUETZALTENANGO
GUATEMALA
CENTRO AMÉRICA

LAS DOS ORACIONES DEL POPOL VUH



Las dos oraciones del Popol Vuh

HARRY THOMAS DANVERS
Guatemalan-art.com

Paradójicamente, existen dos cosas que no me gustan en la clase; ni mucho menos exponer en el periodismo: 1) La política 2) la religión… es porque ninguna de las dos tiene razón. Es puramente subjuntivo y por lo tanto es más que todo de interés personal.
Sin embargo, la historia nos enseña que existía estas dos coas a través de los milenios, las políticas se levantaron las pirámides y después fueron dedicados a l religión.

En otras palabras, la religión era el aumento de todos los proyectos de los políticos.
Interesante y todas las religiones tenían su forma de rezar.
No es tan diferente en el Popol Vuh yo he aislado dos oraciones sobresalientes del Popol Vuh para mostrar en parte la mentalidad de la gente pre-colombina y quizás de todo Mesoamérica.

Voy a explicar la situación política y religión en cada oración con comentarios míos después. Parece que va a tardar varios artículos, pero estoy dispuesto a probar:

En la tercer parte del Popol Vuh (traducción de Danvers) encontramos un - Erl de Sac – con los cuatro progenitores de la raza Quiche. Fueron mandados de los dioses del cielo: Bitol, Alom, Holom, Cux C’aj Cux Ulen, Gucumatz, las tribus se multiplicaron y multiplicaron otra vez. Había mucha gente, vacilaron en la faz de la tierra. Estaban esperando el amanecer.

Esta era no solo para los cuatro progenitores, sino del este, desde Tulan zuyna. El lugar de los siete cavernas y el lugar de los siete barrancos.

Todas las tribus estaban reunidos, pero la primera oración fue hecho por los progenitores con la ayuda de sus esposas.

Estaban esperando el amanecer porque en la sombra del sol, no se puede existir. Entonces, en el Popol Vuh tenemos la primera oración, de la cual era universal. En la página 60 (traducción de Danvers) encontramos esto:
¡Oh tu Creador y Formador! Mirad a nosotros! ¡No dejamos caer! No nos abandonan tu dios del cielo, el corazón de la tierra, danos una señal en nuestra palabra (deja) venir el sol, la luz (Así) que debería aparecer el amanecer muchos caminos verdes, sendas verdes. Danos luz, un lugar plano (asegura) que las tribus son buenos y tienen luz. Que son buenos las tribus en su existencia le pedimos de ti: Huracán, pequeño relámpago, relámpago verde, pequeño nanahuac verde nanahuac, gavilán hunahpu, soberano serpiente emplumado, moldeador, formador, ixpioyacoc, ixmucone abuela del sol, abuela de la luz. Que debería venir al amanecer; así dijeron cuando hicieron sus ayunos en invocaciones (Esteban) mirando allá, donde amanece solamente miraban allá, al este (Esteban) observando cercadamente para el día (hay) una estrella grande en el nacimiento del sol. En el corazón del cielo y la tierra, Creador y Formador, el camino para la gente…

En el siguiente artículo le voy a explicar el simbolismo encantador en esta; la primera oración en el Popol Vuh.




miércoles, 15 de junio de 2011

EL TIEMPO SE DETUVO EN QUETZALTENANGO

TEMA CENTRAL



El tiempo se detuvo en Quetzaltenango

J. Rodolfo Custodio G.
Revista POLEMICA XELA

Al apuntar esta observación, quisiéramos referirnos con toda el alma, a que los tiempos de antaño están vigentes en la Ciudad maravillosa de Quetzaltenango; que todo lo que pasa en la sociedad actual no penetra a los linderos ciudadanos sino que se va fuera a otras latitudes.
Lamentablemente aquello no es así. La Ciudad actual sufre, igual que todas las demás de la República de Guatemala, de una violencia incontrolable que se posesiona de sus inmuebles, de sus calles y de sus valles; una sociedad enviciada, hostil y mal educada que ha venido a corromper las buenas costumbres y la alegría de vivir que en el pasado se disfrutaba en esta un poco metrópoli, un poco finca rodeada de cerros y volcanes de los inicios y mediados del siglo veinte.
El poeta Alberto Velázquez, que amó tanto a Quetzaltenango, concibió su nacimiento entre campanas solemnes y arrullos de pájaros; y sentenció proféticamente que “Tú permanecerás (mientras los déspotas/ que te humillaron solo son cenizas),/ bajo la exultación de las campanas/ y la algazara de los clarineros. Tu permanecerás, tierra de gozo,/ fértil en frutos y fecundo en niños,/ con el arco de alianza en las alturas.” (Poema Canto a Xelajú).
Quetzaltenango era una Ciudad con “algo de india y mucho de española” como la catalogó también el poeta Carlos Wyld Ospina. Romántica, hermosa, campirana, amable; pero, a la vez, valiente y llena de hombres de empresa que la convirtieron en la ciudad más importante de la República, con exportadores e importadores y con una industria pujante.

Puede decirse que nuestra Ciudad fue el paraíso de escritores, músicos y poetas que primero triunfaron aquí para luego partir hacia la Capital y después a recorrer el mundo, como ocurrió con muchos grandes hombres.
¿Qué ha tenido Quetzaltenango dentro de sus entrañas para atraer a tantas personas ilustres y honradas? ¿Qué química se produce aquí como para iluminar la mente y sensibilizar el corazón de las personas?
Pero desafortunadamente estas bellezas que fueron patrimoniales hasta la mitad del siglo veinte, han mermado ostensiblemente y la transculturización de una sociedad sin sentimientos ni propósitos, amante del dinero y de las comodidades, se ha engarzado con fieras pezuñas y está dando al traste con la pureza del sentimiento chivo.
En fin, el tiempo sigue su marcha, y la razón del presente reportaje es demostrar cómo aquellos relojes antañones, históricos, maravillosos que mantuvieron informada a la población y a los visitantes, de la hora exacta a través del dulce sonido de sus campanas, se ha callado para siempre ante la mirada indiferente e irresponsable de las autoridades que los han dejado como mudos testigos de su ineptitud e irresponsabilidad.
Ciudades cultas como Londes, no ha dejado de cuidar y darle mantenimiento al “Big ben” que soportó los embates de los horrendos bombardeos de la segunda guerra mundial por los nazis. Y el reloj sigue allí, marcando el tiempo, dando la hora cada quince minutos y haciendo sonar sus solemnes campanadas que se escuchan en todo el mundo, tradicionalmente, desde las audiciones de la BBC de Londres.
Sí. Los relojes forman parte del más puro patrimonio de los pueblos y son verdaderos íconos que identifican casi con vida propia los sitios donde están fijados.
Forman parte del paisaje, pues por regla general, están en torres o torretas altas y, además, sus campanadas hacen vibrar los corazones y correr a las amas de casa como a los comerciantes a quienes indican que deben aprovechar el tiempo para que la lluvia no los atrase.
¡Ya van a ser las diez! ¡Ya es medio día, hay qué darle gracias a Dios! Son expresiones que suelen escucharse en los lugares donde los relojes públicos hacen sonar sus campanas.
En la villa de Chiantla está funcionando aún un viejo reloj histórico y único, ya que repite la hora por medio de sus campanas. Suenan una vez y al minuto vuelven a sonar, por si las personas no contaron bien las campanadas. Por eso, aquel querido Maestro de tantas generaciones licenciado don Roberto Calderón Gordillo, oriundo de Huehuetenango, cuando uno de sus alumnos le pedía que repitiera la explicación porque no la había comprendido, serio pero bromista respondía ¿Acaso soy reloj de Chiantla, pues?
Pero en Quetzaltenango, ciudad conservadora y amante de sus costumbres, tradiciones e infraestructura, ha ocurrido todo lo contrario, los relojes históricos se han ido arruinando y, para las autoridades, ha sido más fácil dejarlos que se acaben, en vez de repararlos.
Cuántos -ahora ancianos- quisieran volver a escuchar las dulces campanadas del reloj del INVO. Otros más, medicos y enfermeras retiradas, darían lo que fuera a cambio de volver a escuchar el tañir de las campanas del reloj del que fuera Hospital General de Occidente... y miles daríamos el corazón para que las campanas del reloj de la Casa de la Cultura volviera a trabajar y sus dulces y sonoras campanitas retornaran marcándonos el tiempo.
Pero pareciera que el abandono de aquellas piezas preciosas los ha dañado permanentemente, salvo que alguna autoridad municipal se propusiera mandarlos a reparar, quizás cambiándole algunas piezas, pero haciendo que vuelvan a tomar vida y a acelerar el corazón de los quetzaltecos que añoramos aquellos tiempos en que, junto a los “pitos” de la Industria Licorera Quetzalteca y la fábrica Mont Blanc, así como de las campanas de la Catedral, volvieran a darle la bienvenida a cada mañana, solemnizaran el medio día y despidieran al sol con sus solemnes, agradables y románticos sonidos... aquellos que nos enseñaron la vida de diferente manera, con costumbres buenas y con apego a la moral y la urbanidad; los que no manchábamos ni las paredes ni las mesas y que diariamente, junto a nuestros padres, comentábamos la hora por el aviso de los relojes públicos que hora callaron pero que podrían retornar con buena voluntad y amor al terruño
Creemos en Quetzaltenango, repetimos el verso del poeta, y decimos: “Tú permanecerás -mientras los déspotas que te humillaron solo son cenizas- bajo la exaltación de las campanas y la algazara de los clarineros...”

TEMPLO MORMÓN




Templo Mormón
Aporte al ornato e importancia citadina


Por: J. Rodolfo Custodio G.

Debe reconocerse el aporte que representa para el ornato de la ciudad de Quetzaltenango, el edificio donde se instalará en breve la Iglesia mormona.
La construcción está ubicada en un pequeño cerro que se levanta en la explanada de los campos conocidos como “Los Cerezos”, al occidente de la metrópoli altense.
La magnífica construcción tiene una torre donde se colocó un ángel heraldo llamado Moroni, aparentemente con baño de oro y que luce majestuoso a toda hora del día y la noche, ya que están instalando una iluminación profesional que permitirá una vista nocturna espectacular.
La ubicación está estudiada de forma tal, que se puede observar desde cualquier punto de la Ciudad.