jueves 14 de julio de 2011

TEMA CENTRAL

Proceso eleccionario
al ROJO VIVO


J. Rodolfo Custodio G.
Revista POLEMICA XELA

La etapa “democrática” de Guatemala había soportado los embates de la violencia en los anteriores procesos eleccionarios, aun cuando se ha observado, de acuerdo a criterio de analistas políticos, que la tensión ha subido paulatinamente desde la toma de posesión de Vinicio Cerezo hasta la de Colom.
Sin embargo el pueblo de Guatemala se ha manifestado colaborador en cada proceso y se habla desde una “fiesta cívica” hasta de “alegres elecciones”. Y así debería ser, una fiesta que celebráramos todos los guatemaltecos porque la democracia es el mejor sistema que se conoce hasta ahora y tiene sus orígenes en la propia Grecia en su período de esplendor.
La democracia nos permite realizarnos a nosoros mismos mediante las libertades que otorga la Constitución de cada país y las leyes o acuerdos sobre derechos humanos.
Antiguas civilizaciones no recibieron ese beneficio y tuvieron qué pagar con sangre el valor de la libertad.
Actualmente existen naciones como la China comunista, donde es prohibido pensar, actuar y hasta caminar; y el ejemplo más dramático es el del recipiendario del Premio Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, que está encarcelado y aún no sabe que él es favorecido por tan alta distinción.
En fuerza de recibir beneficios, los humanos solemos ignorarlos y no somos capaces de sopesar lo hermoso que es la libertad. Por eso es conveniente leer la historia y comentarla para no cometer los errores que otros seres humanos propiciaron por no darle el valor a la libertad.
En realidad ningún ser humano o mandatario es propietario de la libertad, porque ésta es un don divino que no puede ser conculcado por persona alguna.
Los tiranos han tratado de hacerlo apresando el cuerpo de las personas; pero su espíritu y su alma será siempre libérrimo, aunque la víctima no siempre lo reconozca o lo conozca.
En realidad el don de la libertad debemos defenderlo y no perder la cabeza en conflictos entre partidarios de un partido y otro.
Siempre, indefectiblemente, habrá un ganador y uno o varios perdedores y así es el juego.
Es imposible que todos salgan ganando en una contienda electoral en la cual hay más de una decena de participantes, demasiados para solo un cargo.
La Magna Grecia, cuatrocientos años antes de nuestro Señor Jesucristo, fulguraba en las actitudes públicas nacidas de Sócrates y seguidas por Platón y Aristóteles.
Ellos tenían una definición de la democracia a partir de la clásica clasificación de las formas de gobierno realizada por Platón primero y Aristóteles después, en tres tipos básicos: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno “de los mejores” para Platón), democracia (gobierno de la multitud para Platón y “de los más”, para Aristóteles).
Si por aquella pretérita época ya se había descubierto una forma de convivencia que propició Grecia y que después de varios siglos y tantas vicisitudes fue adoptada por diferentes países, imperios y culturas, la pregunta es ¿Porqué en Guatemala seguimos con el disco rayado de “la incipiente democracia”?
Quiere decir que estamos atrasados dos mil quinientos años en comparación con el surgimiento de la cultura greca y después la grecoromana, puesto que se habla que en Guatemala, con excepción de los diez años de la “primavera democrática” propiciada por la revolución del 20 de octubre, apenas hemos tenido unos veinte años de la mentada “incipiente democracia” nacida con la toma de posesión de Vinivio Cerezo, que se va destruyendo paulatinamente y, salvo que la apuntalemos con buena voluntad y con auténtico sentimiento patriótico, podría derrumbarse.
Quienes vivimos en las épocas posteriores a la Revolución de Octubre y fuimos testigos de la cobarde invasión a nuestra Patria por mercenarios organizados por la CIA norteamericana... y seguimos con los gobiernos militares de repersión y contínuos estados de sitio, suspensión de garantías, toque de queda y muchas vicisitudes que se sucedieron desde que Carlos Castillo Armas tomó el poder a través de un cuestionado plebiscito; los que fuimos testigos y víctimas de sistemas alejados de la democracia, podemos decirle a las nuevas generaciones que cuiden el sistema de nuestra Patria Guatemala y que no permitan por ningún motivo que se llegue a un totalitarismo que no soluciona nada y, por el contrario, le da carta blanca a los tiranos pintados de redentores.
Lo importante del caso es que los aspirantes a la Primera Magistratura de la Nación, estén imbuidos de la enorme responsabilidad que deben asumir, por cuanto el país ha sido saqueado por completo y no existen fondos ni para pagarle a los empleados públicos, menos para la reparación de las carreteras que, desde la tormenta Ágatha, se encuentran completamente destruidas.
Las viviendas de los afectados por esa tormenta no han recibido ayuda alguna y viven a merced de las condiciones metereológicas, ya que un aguacero fuerte los puede lanzar al precipicio o ahogarlos en correntadas de agua y lodo.
La irresponsabilidad de los gobiernos de Guatemala, pero sobre todo del actual ha sido inenarrable, ya que se dedicó a pagar con transferencias de los ministerios de Gobernación, Educación y Salud, los programas solidarios que siempre fueron el barniz político de doña Sandra, que ahora resulta que es la amiga fiel de los pobres, como si Guatemala no fuésemos los catorce millones de habitantes, la mayoría de los cuales producimos para pagar los impuestos con los que ellos se llenan de lujos y de dineros mal habidos, donde la Ley de Extinción de Dominio (LED) que va a atacar a quienes han hecho fortuna por medio de la depredación del Presupuesto Nacional de Gastos de la Nación y del Patrimonio de todos los Guatemaltecos, queda como anillo al dedo.
No cabe duda que esta ley sí fue un buen aporte del Organismo Legislativo para ponerle la soga al cuello a los malos gobernantes y sus compinches, así como al crímen organizado y a los vándalos que se valen del voto para llegar a saquear las riquezas del país, haciendose pasar por “protectores de los pobres”.
Aprovechemos pues, el tiempo que nos queda para reflexionar nuestro voto y para exigir a quienes tienen la seguridad de ganar las elecciones, que pongan en práctica el dictado constitucional de que el poder viene del pueblo quien lo delega a las autoridades para ejercerlo.
La hora se acerca y muy pronto el pueblo de Guatemala estará eligiendo a sus autgoridades, desde presidente y vicepresidente, hasta alcaldes y concejos municipales, pasando por los diputados distritales y por lista nacional y los diputados al Parlacén.
Por eso, si el proceso eleccionario está al rojo vivo ¡Qué lindo! ¡Qué alegre! porque eso quiere decir que estamos vivos y trabajando según la simpatía que cada candidato pueda contabilizar a su favor.
Que la campaña suba de tono y que se escuchen discursos, discusiones, alegatos, foros, debates y cuanto pueda ocurrírsele a las cámaras, asociaciones y medios de comunicación.
Todo ello pone más alegre esta que debe ser una auténtica fiesta cívica y lucir con orgullo la bandera que habremos tomado como la que va a darnos la solución a nuestros problemas.
Lo que no debemos permitir es que los excesos lleven al enfrentamiento y a la diatriba, porque el ambiente es propicio para pasar de una fiesta a una guerra.
¡Cuidado Guatemaltecos! Hagamos que el proceso eleccionario nos lleve hasta el final de las elecciones y pongamos en práctica el raciocinio y la buena voluntad para emitir nuestro voto por el candidato que llene nuestras expectativas para enderezar la nave que está haciendo agua y que amenaza con irse a pique.
Y en este contexto, es oportuno llamar a una auténtica reflexión a los candidatos a cargos públicos. Ellos han acumulado un liderazgo que puede llevarlos a cumplir sus aspiraciones de ocupar un cargo público; pero, sobre todo los que están encabezando las encuestas y la preferencia popular. ¡Cuidado con el triunfalismo! y también cuidado cómo hablan a sus seguidores, porque bajo su responsabilidad está la supervivencia de nuestro sistema y la seguridad de la Nación.